En esta aldea de 211 habitantes basta con cruzar la calle para cambiar de provincia. Eso complica hasta las cosas más básicas
En el fútbol, una simple línea de cal decide si un gol vale o se anula, y para medirla hacen falta una sala de vídeo, cuatro árbitros y alguna que otra crisis (a la “mano de Dios” me remito). Pero en Ventorros de Balerma la línea es una simple calle. Y no hay VAR. De un lado, Granada. Del otro, Córdoba.
En medio, una aldea que comparte las verbenas, bares y colegio, pero no ayuntamiento, ni la provincia y mucho menos los recibos. Como otras fronteras absurdas, la rareza se vuelve problema cuando toca cobrar impuestos, contar vecinos o decidir en qué fase de una desescalada vive un consultorio.
Dónde. La aldea cuelga de la sierra de Campo Agrio, a un paso del pantano de Iznájar.…
FUENTE: Xataka
