Alguien decidió seguir un envío de libros con un AirTag. El viaje terminó en una nave de Amazon dedicada a alimentar su IA
Imagina que vendes libros antiguos , raros o difíciles de encontrar y, de pronto, empiezan a llegar pedidos mucho más grandes de lo habitual. La primera lectura casi invita al optimismo: alguien quiere esos ejemplares y está dispuesto a comprarlos en cantidades que hasta hace poco resultaban excepcionales. Eso es precisamente lo que varios libreros comenzaron a observar durante el último año.
Pero había algo extraño en aquella demanda: los pedidos reunían títulos aparentemente inconexos, alcanzaban volúmenes enormes y los compradores parecían mostrar muy poca sensibilidad al precio.…
FUENTE: Xataka
