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Una parte de Dinamarca quiso deshacerse de Microsoft Office y usar una alternativa open source. Y el plan empezó a torcerse

Hay programas que usamos tanto que acaban volviéndose invisibles. Abrimos un documento, corregimos una frase, enviamos una presentación y seguimos adelante sin preguntarnos qué hace falta para que todo funcione. Pero esa rutina también crea dependencias: de unos formatos, de unas herramientas y de una manera de trabajar que compartimos con otras personas.

Por eso, cuando una administración se propone cambiar su software de oficina, no basta con encontrar una alternativa que haga más o menos lo mismo. La verdadera prueba empieza cuando toca utilizarla cada día.

El experimento danés.…

FUENTE: Xataka

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