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Un lago de Ontario pasó 17 años recibiendo ácido sulfúrico. Acabó tan mal que solo había una cosa que podía salvarlo: cubos y cubos de gambas

En 1976, un equipo canadiense dirigido por David Schindler vertió ácido sulfúrico sobre un pequeño lago al noroeste de Ontario. Era un lago normal. Con sus sedimentos, sus corrientes, sus truchas y sus crustáceos. No quería un experimento de laboratorio, ni un modelo de ordenador: quería simular el efecto de la lluvia ácida en el entorno.

Por eso, volvieron a la semana siguiente y a siguiente. Durante 17 años estuvieron vertiendo ácido en el lago 223 de la Experimental Lakes Area . Aquello calló la boca a la industria del carbón que llevaba años negando la relación entre sus emisiones y los muchos lagos muertos de Escandinavia y Norteamérica, sí; pero costó un lago.

Un lago como probeta.…

FUENTE: Xataka

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