NO ERES INVISIBLE, columna de María Isabel León
Se cuenta que un padre quiso ayudar a su hija a financiar sus estudios universitarios y le entregó un automóvil antiguo y muy valioso para que lo vendiera. La joven comenzó a buscar compradores. En algunos lugares se burlaron de lo viejo y deslucido que estaba; otros señalaron su lentitud, sus años y el costo de mantenerlo. Las ofertas fueron tan bajas que apenas representaban una fracción de lo que necesitaba, hasta que llegó donde un coleccionista.
Él no vio simplemente un auto viejo. Vio su historia, valoró su antigüedad, su exclusividad, su valor. Y ofreció por él una suma que la joven jamás había imaginado. El automóvil no había cambiado.…
FUENTE: Diario Correo
