Europa tiene por fin un cohete fiable, Ariane 6. Su gran evolución ha quedado aparcada con un viejo problema de fondo: el coste
Ariane 6 empieza a encontrarse en una posición que Europa llevaba tiempo esperando: deja de ser aquel cohete nuevo del que había que preguntarse qué ocurriría en el siguiente lanzamiento y empieza a convertirse en una herramienta de acceso al espacio con una trayectoria cada vez más estable. Eso debería simplificar las cosas, pero eso no siempre ocurre.
Superada buena parte de la incertidumbre técnica inicial, vuelve a primer plano una discusión mucho más antigua y difícil de resolver. Europa necesita su propio lanzador, sí, pero mantenerlo, producirlo y hacerlo evolucionar tiene un precio considerable.
La gran mejora queda aparcada.…
FUENTE: Xataka
