El Estadio Nacional se tiñó de rojo por Iron Maiden y Dickinson ondeó la bicolor
Ocho y cuarenta de una noche que quemaba y no precisamente por el clima. Ni un minuto antes, ni un minuto después. Las luces del Estadio Nacional comenzaron a apagarse y los parlantes empezaron a retumbar con The Ides of March, el tema instrumental que sirve como preludio a la voz de Bruce Dickinson. En ese momento todo el estadio se unió en un solo grito.
Hacia las siete de la noche, casi dos horas antes del show, todo estaba repleto de gente vestida de negro. Afuera algunos vendían comida, otros buscaban por dónde ingresar y muchos hacían el previo, cerveza en mano, y por supuesto con música a todo volumen de la Doncella de Hierro, como si el concierto ya hubiera empezado en la calle.
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FUENTE: La República
